Un reencuentro de muerte.
Ni siquiera sé porqué escribo. Parece ser que es la mejor forma de decir algo. Tampoco es que tenga muchas ganas de decir algo, más bien tengo ganas de no decir nada, que es una forma como otra cualquiera de pasar por la vida de puntillas, dejando pasar cada día como otro más, otro cualquiera, nada en particular. La semana pasada me hicieron una radiografía y me dijeron que tengo la columna envejecida. Yo que pensaba que mi cuerpo era un portento físico resulta que ya empiezo a envejecer por la columna. Mis huesos conocen el calendario mejor que mis neuronas que muchas veces se desconectan y viven sin darse cuenta, más preocupadas por la respiración y la circulación de la sangre que por el valor de una caricia. Una columna envejecida. Sería peor que me dijesen que tenía un cáncer de huesos, imagino. Me enteré ese mismo día que Ramón, un compañero de EGB se había muerto de un cáncer de tiroides. Su hermano Pablo, lo hizo de huesos con apenas 22 años, hace ahora 21 años. Los animales hacen todo lo posible para sobrevivir, pero acaban muriéndose. Las personas nos diferenciamos en que sabemos que nos vamos a morir e intentamos llegar a la inmortalidad. Queremos dejar legados, creemos que si dejamos algo aquí será como vivir eternamente. Otros dicen que mientras tengas seres queridos que te recuerdan, tu recuerdo estará vivo. Pero eso es poco tiempo, yo no sé ni como eran mis bisabuelos. Luchamos por la inmortalidad y yo tengo la columna envejecida, con algo más que 40 años voy envejeciendo a trozos. Ni siquiera sé porqué escribo, no me hace sentir mejor, creo que es una lucha contra la muerte, esa dama que continuamente nos pone a prueba, esa única señora que nunca tengo ganas de follar.


Sonia dijo
ya sabes que me enamoran tus palabras... salvo cuando van dirigidas al fut.. es que no y no... apuesto que eso te esta envejeciendo... jajaja! cambialo por historias de amor... de esas que me hacen tuya. besos
29 Agosto 2011 | 06:24 AM