Ya no estoy (tan) triste
Un día volví. Puse una de esas canciones que a uno le despiertan sentimientos y me puse a escribir. Volví a sentir algo en el pecho, una especie de aire entrecortado, un ligero nerviosismo por miedo a perderme, por miedo a no ser yo en el aire. Me hubiese gustado decírtelo a la cara mientras te repasaba cada uno de tus dedos, pero bueno, las cosas son así, todo pasa y aunque todos sabemos que no se debe vivir en el pasado, el recuerdo de los momentos en que éramos felices se amontonan y a uno le cuesta vivir aparcándolos continuamente para no hacerse daño, a veces hay fugas, y sale el magma que todos llevamos dentro. María me dijo que no te llame, que siga así, escondido, medio muerto, sin ningún intento de nada, si algún día pasase algo, me dijo, ella será la encargada de comunicárnoslo, si algún día me muero o te mueres, ella nos lo dirá. Es su promesa y yo la creo. De todas formas no sé si lo querré saber, ya sabes, a veces es bueno saber, otras veces es mejor no saber para no sentir, al fin y al cabo que importa morir de verdad si es inevitable, nosotros ya hemos muerto de corazón y eso sí que era evitable.
No puedo decir que no sabría por donde empezar a hablar, sé todo lo que te diría, no fallaría ni en una coma, son tantas veces que te he hablado en cada uno de mis silencios, que creo que es el discurso más y mejor ensayado de la historia, aunque le añadiría muchas pausas, sí le añadiría muchas pausas, me encantaba escucharte respirar a mí lado, me encantaba el viento de tus pestañas, me encantaba el dulce sonido de cada uno de nuestros besos, como aquel que te di en la espalda cuando el agua resbalaba por ella, o el de la rodilla, ¿te acuerdas? Te habías caído jugando al basket con aquellos niños de tu pueblo y tuve que cuidarte en el asiento de mi coche. Cinco años de carrera para poner desinfectar con agua oxigenada y poner una tirita. El destino, el muy cabrón.
Te tengo que dejar, ahora tengo otras obligaciones que no me permite tanto tiempo libre, no me quejo, me hacen feliz, las disfruto, pero bueno, ya sabes, todos estamos incompletos, siempre nos falta algo, es como las habitaciones de una casa, siempre nos hace falta una más, como las necesidades que decía Maslow, cumples una y quieres otra, así hasta el fin, unos dice que es nuestra forma de mejorar y otros dicen que es nuestra forma de esclavizarnos. Yo hubiese cambiado todas por una simple frase tuya. No llegó y yo ya perdí la esperanza de que algún día llegue, y lo que es peor, tú nunca lo sabrás, creerás que fuiste otro juego de mis palabras, otra conquista de este tonto de medio pelo que un día se enamoró de ti.




Sonia dijo
Gracias!
me hacia falta.. aunque sea poco, pero ya sabes, poco es tanto cuando poco necesitas, me supo a gloria.
ya no te vayas tanto, aunque se que no me haras el minimo caso.
besos
14 Marzo 2011 | 08:23 PM