Historia de un amor. Minicapítulo 6. Unos ojos (los míos con lágrimas)
Hay momentos en que descubres con la nostalgia los mismos olores con los que viviste aquellos tiempos mágicos, efímeros, perfectos. Hay otros en los que te das cuenta de que lo que estás viviendo en presente es especial, emotivo, distinto. No sabes muy bien el porqué, no sabes cuales son las circunstancias que lo motivan, pero reconoces el áurea que lo rodea y se forma en él una película que recordarás el resto de tu vida a poco que rasques la mirada en el reloj. Yo me estaba dando cuenta de que ambos estábamos en uno de esos momentos, uno de esos instantes que nacieron para que alguien, años después, lo escriba como ahora estoy haciendo yo y reconozco que de alguna manera me hubiese gustado que lo hiciese ella.
Se sentó al otro lado del sofá sobre su pierna izquierda, lo vi todo cuando levanté ligeramente la cabeza y un rayo de las llamas de la chimenea se coló por debajo del jersey. Intuí que apoyó el brazo izquierdo sobre el respaldo del sofá, y con la confianza que da la amistad de tres años ininterrumpidos, apoyó su pierna derecha sobre mis rodillas. Como quien no quiere la cosa, dejé caer mi mano derecha sobre su pie desnudo, y acariciándolo suavemente descubrí que su piel era lo más sedoso y suave que había tocado en mi vida. Después lo escribí. Lo sé porque todo esto yo ya lo viví. No sé cuando, pero sé que un día le envié una carta en donde decía que acariciar su piel era como si resbalase una gota de mercurio por una sábana de raso. No me creo que después de todo estemos juntos, tu y yo, aquí, en mi casa, en mi salón, delante de mi chimenea. Tomándonos un gintonic con pajita, me hice el gracioso. No seas protestón, ¿quién en su sano juicio deja pasar a su salón a las tres de la mañana a un desconocido? Para ti puedo ser cualquier cosa, desde un inspector de hacienda a un asesino en serie, todo excepto un desconocido, sabes todo de mi vida, a nadie le conté tanto sobre mí, incluso ahora que estamos juntos y pienso en todo ello, me está dando bastante vergüenza estar a tu lado, y lo que más me jode es que sé perfectamente que tu sabes lo que ahora mismo estoy pensando. Dime en que estás pensando. No, hoy no pienso ni escribir ni hablar, hoy te juro que lo que voy a intentar es a actuar, ya he tirado por la borda muchas noches por culpa de la poesía, y hoy la única poesía que pienso hacer será en silencio. Ayer, después de dos días de tanta intensidad con tus mensajes, Carol y Merche me preguntaron que coño me pasaba, por qué no contestaba a sus llamadas, por qué no iba con ellas a cenar, por qué le respondía con evasivas a todo, y al final les tuve que confesar que estaba muy nerviosa porque tú estabas por Barcelona y que tenía miedo que se diera este momento. Tengo miedo que te quites ese jersey de la cabeza, Nacho, tengo miedo de que me gusten tus labios tanto como la foto de ellos que me enviaste, que me ponga a besarlos sin remisión, que acabemos los dos tirados en el suelo haciéndonos el amor y que al final, narizotas, tengo miedo de que todo sea tal y como imaginé.
Necesito aire, Patricia, siento que no respiro nada bien, me voy a quitar el jersey, y que sea lo que dios quiera. No, espera, por lo menos déjame a mí quitarle el velo a la novia.
Y como si delante de un altar estuviésemos, levantó suavemente el jersey, y mientras ella iba descubriendo mi rostro, yo iba viéndola cada vez mejor, primero sus piernas, después sus caderas, sus pechos, su cuello, su boca, su nariz... y ya por fin nos quedamos mirándonos a los ojos, ojos marrones, ojos vivaces, ojos comedores de momentos, ojos con labios, no sé el tiempo que estuvimos así, un día, un año... no lo sé, incluso no sé si nos movimos o si respirábamos, como tampoco sé si lo que caían de mis ojos eran lágrimas o el contacto del fuego con la mucosa reseca de mis ojos, lo único que sé es que años después, mientras escribo esto desde un aparcamiento con el ordenador entre las piernas y con la vista de las Islas Cíes al fondo, años después, repito, mientras lo recuerdo, me sigue ocurriendo lo mismo en los ojos, pero hoy, me cago en todo, hoy no veo ninguna chimenea cerca para echarle la culpa.





yeidylayei dijo
era hermosa...seguro lo soñado, lo imaginado....pero es que tambienocurre que a veces cuando a fuerza mantenemos los ojos cerrados por un rato, se nos nubla la vision, los ojos se tornan rojos, y las lagrimas gotean...todo pasa, pero hoy tambien para tu historia hay un buen paisaje que mirar, y de quien pegarnos para ser motivo de inspiracion. uff por fin puedes respirar...hoy ya no llueve tanto.
24 Mayo 2010 | 07:13 PM