Historia de un amor. Minicapítulo 4. Sólo una canción
Sí, lo sé, la vamos a joder pero por favor vas a abrirme aunque sea por caridad, voy a agarrar un gripazo que no va haber antigripales en el mundo con los que curarme, o a lo mejor mucho peor y me muero aquí mismo en el zaguán del portal y vas a tener que dar muchas explicaciones a la policía. Bah, por eso no te preocupes, estoy acostumbrada a que se me mueran los amantes en la puerta de casa. No, si al final Pablo va a tener razón, no serás un tío, pero seguro que eres una psicópata. Seguro que sí, o es que a ti te parece normal nuestra historia. Lo que no me parece normal es esta lluvia y la empapada que llevo encima, vamos a hacer un trato, yo me saco el jersey, me lo enrollo en la cabeza y así no tenemos porque vernos, pero por favor, déjame entrar y secar la ropa, dame un caldito o algo así, esto ya no es amor, esto es piedad. Jajaja, me parece buena idea, enróllate el jersey a la cabeza y te abro la puerta, después dirígete hacia la puerta que está a tu izquierda, si veo por la mirilla que me hiciste trampa no te abro.
Me saqué el jersey, lo sacudí enérgicamente para escurrir un poco la humedad, me lo puse a modo de capucha por la cabeza y le dije que me abriera. A tientas, me dirigí hacia la puerta de la izquierda y escuché como de repente la puerta se me abrió. Yo estaba temblando, tenía ganas de ella, pero también tenía ganas de que aquello fuese verdad, tenía ganas de que todo resultase tal y como miles y miles de veces me lo había imaginado. De repente me asaltaron las dudas, un impulso de miedo me paralizó. Oye, esto no será una secta que atraéis aquí a la gente y ahora me descuartizáis en trocitos y hacéis conmigo rollitos de primavera. Tonto, me dijo, me cogió de la mano derecha y se la apoyó en su cadera. No la saques de aquí. Ni por todo el oro del mundo. Cerró suavemente la puerta. Esta casa es un poco particular y aún tengo zonas que están de obras anda con cuidado, para que no te caigas, agárrame de las caderas y ven detrás de mí. Puse las manos en su cintura y ella las atenazó con las suyas, así sabré que no me haces trampa y te quitas la capucha, ahora anda despacio que yo te indico.
Anduvimos siete u ocho pasos, a mí me sudaban las manos, el corazón me palpitaba y en el cerebro se agolpaban imágenes, sensaciones y sueños. Ahora ten cuidado, vienen tres escaleras y no hay barandilla, si te caes te puedes hacer daño. Subió ella la primera escalera y yo me quedé parado. La giré suavemente, me desprendí de sus manos y metí su cabeza dentro de mi capucha improvisada. Antes de continuar, tendremos que darnos los dos besos de rigor de una presentación formal. Me llamo Nacho, ¿y tú? Yo Patricia, Pat para los amigos. Encantado. Acerqué mis labios a los suyos y le besé muy cerca de la comisura labial a lo que ella respondió besándome mi comisura y girando rápidamente salió del jersey y continuó la marcha. Venga, nos quedan tres escaleras. Yo ni siquiera podía ver mis pies, la casa estaba en penumbra. Subimos las tres escaleras y me dijo, ahora no te muevas de aquí, déjame preparar un poco esto. Tardó no más de tres minutos y cogiéndome otra vez por la mano me llevó hacia un sillón. Siéntate. Me senté y noté el calor de un fuego. Sí que tienes chimenea. Claro, ya te dije que tenía frío, que necesitaba calor. Vengo con tanto brío que encendería el sol. ¿Qué dices? Nada sólo una canción.





globos dijo
Joder¡¡¡ oye, tienes que escribir esto más deprisa porque me dejas siempre a medias. Me encanta esta historia tuya. Bueno, y me da mucha envidia, para que negarlo. Yo ya ni recuerdo cuando el corazón me brincó de esa manera. Joder, que parezco un muerto viviente desde hace ni se sabe. Por cierto, me encantan las chimeneas y el fuego. Besos
20 Mayo 2010 | 03:33 PM