Historia de un amor. Minicapítulo 3. Un destino
Se quejaba el taxista de aquella copiosa lluvia del mes de mayo, me decía que los barceloneses no estaban acostumbrados a que lloviese en esta época, y yo sonreía y me callaba porque estaba encantado con la lluvia, era como si pudiese jugar en casa, como si me trajese bajo el brazo el clima para no sentirme tan perdido en aquellas horas en donde el corazón no paraba de agitarme. Me paró el taxista cerca de una esquina y me señaló un portal con el mentón. Salí del coche y no hice ningún gesto teatral que traer a estas líneas, no me quedé parado pensando que es lo que iba a hacer, no cogí aire, no me quedé mirando para el portal como si fuese el destino de tantas y tantas horas pensando en ella, no pensé en nada, ya mis pensamientos habían recorrido varias veces con la imaginación os lugares que ella pisaba, todos aquellos lugares que ella frecuentaba, su barrio, sus calles, sus bares, su trabajo, su pueblo... pero en aquel momento yo no era consciente de donde estaba, que es lo que estaba haciendo, hacia donde me estaba dirigiendo, sólo tenía una única obsesión, tenía unas ganas enormes de tocarla, de rozarla, simplemente la quería besar, así que corrí alocadamente hasta llegar al portal y busqué el bajo que ella me indicó... pero allí no había ningún bajo.
Me eché para atrás y los nervios se transformaron en decepción, en rabia, en tristeza. Me había engañado, me había dado una dirección falsa, se había reído de mí. Al final mi amigo Pablo iba a tener razón, mi musa, mi Pat, era una mentira, seguramente es un tío que se está descojonando de ti desde hace tiempo. No podía ser, no me lo creía, así que segunda vez en mi vida, cogí el teléfono y marqué su número. Me cogió. Hola. Me has engañado, no existe esa dirección. ¿Estás aquí? Pues claro, pero el aquí no existe, tú no existes, no estás, y lo cierto es que aunque me guste la lluvia me estoy empapando, creí que en mayo el único sitio que llueve es en mi pueblo pero ya veo que no. ¿De verdad que estás aquí? Sí, Muntaner 27, pero no hay bajo, me has engañado. Acércate a la puerta.
Me acerqué poco a poco y de repente se encendió el piloto del portero automático. Hola, tienes suerte, el videoportero no funciona, así que sólo puedo hablar contigo y no puedo verte. Me has dicho el bajo y aquí no hay bajos. Es que en el telefonillo le han puesto como el primer piso, pero yo a ti nunca te mentí. Me alegro, aunque yo a ti un poco sí que te mentí, no soy tan guapo como te describí, que cojones, soy más feo que un zapato, me da vergüenza verte, pero me muero de ganas por tocarte. Me gusta tu voz, pensé que ibas a tener más acento gallego, un acento que por cierto no me gusta nada. Tienes mal gusto, cuando me conozcas te gustaré y aún tendrás peor gusto. Eres tan simpático como tus escritos. Oye, este barrio no me gusta, hay poca gente por la calle y la que veo tiene mala pinta, además me estoy empapando, y tengo un poco de frío. Hace un rato encendí la chimenea, es la primera vez que lo hago en mayo. ¿Pero en serio que tienes chimenea? Ya te dije que yo nunca te mentí, ¿te estás mojando mucho? Estoy como un pollito. No te voy a abrir, piénsalo, como te abra, como entres, como nos veamos, la vamos a joder.



a tomar por culo los cuentos y los globos dijo
Vaya. Yo también estupe a punto de joderla y no lo hice y ahora me pregunto, después de tanto tiempo, si no hubiese sido mejor joderla del todo. Ya ves, ahora, después de tantos años no dejo de pensar en esa persona con quien tendría que haberla jodido. De sobra se que hice lo que debía. No habría funcionado. Ni siquiera ahora funcionaría. Eso lo tengo claro. Lo que no entiendo es porque le sigo dando vueltas. Además el tren ya se ha ido y no hay forma de cogerlo. Que raros somos los humanos, joder¡¡¡
19 Mayo 2010 | 10:01 PM