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La Coctelera

Apuntes hacia nada

Todo lo que no me atrevo a decir por no perder las dos o tres amistades que todavía conservo

21 Abril 2010

Bailando claqué (I)

 

De pequeño, yo quería ser bailarín de claqué. Dicho así suena un poco presuntuoso por mi parte, sobre todo ahora que los kilos han hecho su trabajo en mi antaño desgarbada figura, pero así como en los sueños de mis amigos su futuro pasaba por ser bombero, futbolista o actor, en mí nacía a borbotones y se expandía con inusitada fuerza y pasión, el interés por llegar a ser un gran figura del claqué. Algo de culpa, por no decir toda, la tenía el cine, y sobre todo dos tipos con los que yo siempre congenié muy bien: Fred Astaire y Gene Kelly. Ambos impactaron en mi interior por vía acrobática, porque a la vez que formaban en el aire figuras absolutamente imposibles para el resto de los mortales (y sobre todo para mi) nunca perdían ni la compostura en el cuerpo, ni la sonrisa en la cara. Que delicia era ver como no paraban de reírse mientras sus pies iban a mil por hora haciendo esos ruiditos en el suelo, perfectamente armoniosos, placenteramente melosos, los cuales yo intentaba imitar en la casa de mis abuelos sin darme cuenta que con las botas de lluvia dos números más grandes que mi madre me compraba para que me duraran para el año siguiente (cosa harto imposible conociendo como se conoce mi afición por darle patadas hasta a las piedras, conclusión: mi infancia tiene un continuo andar de dos números más, y es por eso por lo que arrastro los pies: todavía creo que me van a caer los zapatos!) y en aquel viejo piso de madera antigua en la cual chirriaban hasta las puntas, cualquier sonido con la realidad cinematográfica es pura coincidencia, pero yo erre que erre e insistía delante del envés de la puerta del armario de la habitación de mis padres: el único y exclusivo lugar de la casa en donde se encontraba un espejo en donde yo podía verme de cuerpo entero.  Mi acción danzarina empezaba primero acicalándome en el baño que se encontraba justo en el lado contrario de la habitación de mis padres. Intentaba por todos los medios parecerme a aquellos dos grandes bailarines, sobre todo aquel su pelo perfectamente atusado y engominado, pero la realidad es que yo no podía echarme gomina porque en casa simplemente no había, ni tampoco peinarme el pelo hacia atrás porque lo que tenía yo en la cabeza era una mata de pelo descompensada hacia delante e imposible de domar, así que lo único que me quedaba era lavarme fuertemente la cara con agua y jabón (los ojos y poco más, eh!) y acto seguido yo ya me veía perfectamente preparado para dar el gran paso hacia el escenario: el salto a la fama!

 

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

cambio-cuentos-por-globos

cambio-cuentos-por-globos dijo

Gene Kelly nunca me gustó demasiado pero Fred Astaire... por favor, si pareceía que flotase. Crecí viendo esas películas. Adoraba su voz y esa manera tan sútil de moverse y como hacía que ellas pareciesen etereas. A mi me recuerdan a mi infancia. Que pena que ya no pongan sus películas¡¡

Por cierto, ahora ando por aquí. Un beso
http://proyectoscpc.net/globos/

7 Mayo 2010 | 10:43 PM

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