24 Mayo 2012
Nada entiendo fuera del amor pero nada entiendo con él. Se quedó en una palabra llena de significado que cada día me suena más hueca, sin sustancia, sin color. La culpa, me digo, es de los curas que se apropiaron del amor para dárselo a su dios y repartírselo al prójimo y por si fuera poco también le llamaron amor a lo que siente un padre por un hijo, y a una madre por una hija, y esas cosas. Hueca. Me suena hueca.
Yo cuando hablo de amor me refiero al otro amor, al de verdad, al que escriben los poetas, al que no se explica, el que me empuja al sexo, al salvaje, al pasional. Nada entiendo sin él, ni la escritura, ni la vida, ni mis relaciones, ni mi sexo. Ah, estas mezclando, estás mezclando, estás mezclando sexo y amor!!! No, no mezclo, para mí es lo mismo, no entiendo una cosa sin otra, por eso sé que el amor tiene fecha de caducidad, exactamente la misma que la del sexo pasional. Quedan otras cosas. Esas no me interesan. Y no tengo porque sentirlo, no tengo porque pedir perdón.
Lo bueno de ser anónimo es que uno escribe con libertad. Si estas palabras las leyeran los que me conocen, se pondrían a discutir, a dar sus razones, a explicarme que estoy equivocado y todas esos argumentos que cada día me aburren más. Yo escribo lo que siento y me encanta no tener que dar explicaciones, ni justificaciones, ni atribuirme conductas éticas, prefiero la estética de unos pechos y la esencia de una sonrisa mientras me besan. Sé que hice cosas que no se deben hacer, pero que cojones, mientras las hacía me sentía bien, me sentía vivo. Sé que no soy ejemplo para nadie, y que estas letras nunca las podrán leer mis hijos por miedo a que se le caiga el mito de su padre, pero es justo lo que me apetece escribir ahora, como la cerveza con aceitunas que me estoy tomando en un mesón de Ordes mientras espero a que Vicente venga para comer.
Para mí el amor no es singular, es más bien plural. He sentido muchas cosas por muchas mujeres a la vez. Que se le va a hacer, nadie es perfecto. Me he levantado con una mujer y acostado esa noche con otra distinta. Y no quiero que suene a chulería, prepotencia o algo parecido. Lo hice porque las cosas iban surgiendo así, y porque siempre disfruté más de las caricias que de los puñetazos, y básicamente lo hice porque pude.
Ahora ya no lo hago, no es que me retirara del mercado, es que fue el mercado quien me retiró de él. Lógico. Tanto va el cántaro a la fuente... Ahora me quedan los recuerdos, las autoexplicaciones y las masturbaciones mentales y físicas pensando en aquellos días en los que mezclaba sudores a la misma velocidad que bebía gintonics.
Ahora sólo me queda el amargo poso de unas letras torcidas entorno al pasado perdido, la cruda nostalgia de los que nunca seremos nada más que un triste pseudónimo, el sabor de los recuerdos, I remeber you well in Chelsea Hotel... te acuerdas?
servido por nacho
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18 Mayo 2012
Ya no es invierno y sigue lloviendo. Lo mejor de la lluvia es que puedes llorar mientras te mojas, y nadie sabe captar la diferencia. Las lágrimas son más saladas que la lluvia, le dije yo a Elena, pero ella reía y decía que por efecto dilución, todo era más o menos igual. Hay personas que pasan por tu vida dejando una profunda huella, en muchos casos huellas cargadas de dolor, en otros casos cargadas de felicidad. Hay personas que no sabes si realmente pasaron por tu vida y en el fondo te da pena porque no sabes si en su momento deberías haber hecho un poquito más de hincapié en ciertos episodios en los que venció la pereza. Da la sensación como si las perdiste antes de haberlas ganado. Y hay personas que al pasar solo te rozan, como Elena, que me rozó un par de noches lluviosas en Madrid y que ahora apenas me acuerdo de cómo era su cara pero podría decir como era su pelo.
Con Elena me pasó algo que nunca me había ocurrido, y es que podía estar con ella un tiempo indefinido y a la vez me parecía mucho y poco tiempo a la vez. Por momentos me preguntaba, pero que hago yo con esta mujer, y otros me decía, que bien se está con ella. Eso Elena lo notaba. La gente siempre nota cuando estás bien con ella y cuando no. Los estudiosos serían capaces de leer el lenguaje no verbal y darían con multitud de teclas clave en la comunicación. Yo creía que disimulaba bastante bien, pero Elena leía en mí todo lo que yo quería ocultar. En esto las mujeres nos ganan por goleada. Elena me aburría y me divertía a la vez.. Pero yo era transparente para Elena, y ella leía mis ganas y mi desidia por ella.
Jugaba Elena a ser niña y a ser mujer. Jugaba muy bien sus cartas y era muy pero que muy inteligente. Yo, que suelo hablar mucho, con ella callaba, solo preguntaba para darle pie a que siguiese hablando. Me hacía gracia pero a la vez me parecía un coñazo. Nos fuimos a su casa, pequeña, estrecha, con un baño recargado por cremas y potingues, y una cocina triste y oscura que sólo pisé para beber un vaso de agua. Hazme el amor hasta que yo diga basta, y por no contradecirla pasamos toda la noche sudando.
Acariciando la espalda de Elena, a veces lisa a veces rugosa, yo le seguía preguntando y Elena seguía hablando. Quien te hizo daño, Elena, quien te hizo ser tan orgullosa. Y eso sí que no contestaba, porque a veces Elena hablaba y otras veces callaba. Acaríciame, y calla un poco que enseguida se va a hacer de día. La primera noche que pasamos juntos Elena se empeñó en tocar la guitarra, lo hacía fatal, lo hacía desnuda. Yo me reía pero no me hacía gracia, quería marcharme pero como siempre no sabía como decírselo. Mi vida es una sucesión de momentos en los que no soy capaz de decir: no.
No me llamo hasta seis meses después, y empezamos besándonos en el portal de su casa. No cuentes a nadie que me conociste, serías un punto negro en mi expediente, tengo una reputación que mantener y tú no eres el tío más atractivo, ni mucho menos, con el que una chica como yo puede perder el decoro, pero ahora métete en mi cama que tengo unas ganas locas de tocar la guitarra.
No echo de menos a Elena, sólo que a veces me hacía reír y como en aquellos días llovía tanto, nunca supe si al final me hizo llorar
servido por nacho
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18 Mayo 2012
Han sido demasiados días sin ganas de escribir, aunque a riesgo de ser sincero (dios no lo quiera) no es cierto del todo, ya que hubo momentos en que sí me apetecía pero en un acto de rebeldía absurda, me las negaba, a quién le va a interesar leer lo que tú cuentas, me decía, a ti, imbécil, me respondía, pues te lo dices a la cara y no hace falta ningún papel que acredite tu estupidez. Y ahí terminaba todo.
Normalmente me solían aparecer las ganas en la comida, antes o después, dependía del hambre que tuviese. Me gusta comer en los restaurantes solo, y suelo coger una mesa en cualquier esquina. Pongo la espalda a la pared y desde allí contemplo todo el comedor. Me gusta ver a las parejas, las imagino en sus vidas con los datos que en la mesa van dejando. Patricia me decía que ojalá no termináramos como esas parejas que comen calladas, cada una pensando en lo suyo. Yo le decía que no se preocupase que lo nuestro era tan pasional que sin ella no existiría lo nuestro. Así ocurrió, todo se apaga, y todo cansa. Los besos dejaron de ser tan especiales que teníamos ganas de enmarcarlos (que fue asi como los describíamos) y pasaron a ser un saludo entre amigos. Que triste es la rutina. Si bien es cierto que ganas sensatez, madurez, estupidez, y casi cualquier palabra que termina en ez, pero pierdes tantas caricias ensimismadas en si mismas, que no merece la pena seguir con la teatralización de la relación. La putada es que casi siempre seguimos y así nos va.
Patricia no se lo pensó dos veces, me dejo con un portazo, nada de dejar las puertas abiertas para otra ocasión, portazo y punto. En cambio Alicia se perdió en mil excusas. Serían cosas de la edad, de la suya que era un insulto para mí. Para insulto los de Esther, que no se anduvo por las ramas, me soltó todo lo que alguien no quiere escuchar de si mismo. Me insultó a manos llenas, sin tapujos, miedos o dobles intenciones. Me mandó a la mierda. Es extraño que todavía me siga escribiendo y yo le contesto porque ni soy rencoroso ni tengo buena memoria. La otra Esther ni siquiera me dijo adiós, lo tuve que hacer yo por ella. No me cogía el teléfono día no y día tampoco hasta que se decidió a llamarme, esto..., es que..., no digas más, le dije, ten mucha suerte y a ver si un día nos vemos por ahí. Vale. Un beso. Adiós. Con Ana fue distinto, somos tan amigos que a veces nos vemos con cierto deseo, pero las cosas que nacieron por separado nos frenan de antemano. Nos queda una sonrisa cómplice, una sonrisa que muestra las mil maneras que hay de entender lo nuestro. No seas bobo, deja la poesía y vete a dormir. Llovía en Santander, llovía mucho. Al coger el taxi abrí la puerta con tanto ímpetu que me abrí el labio con la esquina superior. Ahora al afeitarme me veo la cicatriz y me acuerdo de la lluvia, de Ana, de sus ojitos azules, de nuestras sonrisas y de aquella cama tan grande de Valladolid. No seas bobo y vete a dormir
Lo peor de la soledad es cuando la tienes que vivir acompañado.
servido por nacho
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15 Mayo 2012
Acudo a escribir cuando mi lado emocional se despierta y le dice al racional, espabila que la vida es algo más que respirar. Pongo música, suelo poner la misma siempre, pero tampoco eso es importante porque como no tengo ni idea de inglés no sé lo que dicen. A veces creo que las verdades están en cada rincón y que cuando me despierte de una especie de sueño por el que llevo deambulando mil años de mi vida, me romperán el corazón en mil pedazos y todas las promesas que me hice durante la vida, por fin serán verdad. Sueños. La vida es demasiada corta, necesitábamos otra para plasmar lo que vas aprendiendo en esta. No es que me arrepiente de lo vivido, si no más bien me gustaría saber que hubiese sido si en las veces que me vi delante de una encrucijada escogiera el otro camino y no el que al final decidí.
A veces me cuesta dormir, esta noche, por ejemplo, y lo peor no es no dormir, lo peor es que no soy capaz de pensar en otra cosa que no sea la muerte, que será de mi cuando ya no sea yo. ¡Qué absurdo! Nos pasamos la vida justificando la existencia para darnos cuenta de que no tiene importancia, de que somos el deambular de una especie en un momento determinado y en un lugar en concreto. Nos creemos inmortales hasta que un acto te hace consciente de la mierda cósmica que eres. A veces, cuando voy conduciendo me pregunto en qué curva dejaré de ser yo. Hoy solo vestimos nuestros pensamientos en términos económicos, primas de riesgo, caídas de la bolsa, crisis y más crisis, pero a mí solo me apetece ver como mis hijos juegan entre ellos ajenos al movimiento que hemos provocado a su alrededor y con su futuro como coartada.
Nos creemos inmortales. No somos nada importantes, cada vida es una especie de gota de lluvia cayendo en el mar, es cierto que es nuestra vida, la única, pero apenas nada si nos pusiésemos a comparar. Hay más de 10.000 millones de galaxias y cada una de ellas tiene no sé cuantos millones de estrellas. Nosotros no somos apenas nada, pero nos encerramos en creer otras cosas. Solo tenemos una obligación, la de ser felices, y casi siempre nos olvidamos de ello. Mientras escribo esto, varios cientos de niños han muerto de hambre, suena el piano de Diana Krall y mi jefe me está llamando al teléfono porque los números no le dan para cobrar un incentivo al final del año.
Dormí poco, mi hijo mayor anda con fiebre. Me desvele. Pensé. Ahora estoy tirado en el sillón, con su cara apoyada en mi brazo izquierdo y su mano en mi pierna. Es muy guapo, me encanta su perfil. A veces le riño y al instante me arrepiento. Nadie aprende a través de una riña, me digo. ¿Qué día es hoy que no me acuerdo? Debe ser otro día más de los aburridos, un día de esos en los que te acuerdas de tus sueños rotos.
servido por nacho
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9 Mayo 2012
Me gustaba escribir de aquellos días en los que la sensibilidad viajaba desde la superficie de mi piel al fondo de mis sentidos con la misma frecuencia de un latido cocaínico. Me gustaba y me divertía vivir y escribir como se perdían mis ilusiones sin rumbo fijo, como mis emociones iban y venían sin más pretensión que llegar al final de una historia para volver a empezar otra y así hasta el infinito. Me equivoqué.
Fueron días duros, quizás demasiado duros, días en los que se mezclaba el olor del café del desayuno con el ultimo gintonic de la noche, el olor del perfume de una mujer en mi cama con la suave sensación de un tiempo que ya era pasado y que sabía que jamás volvería, días en los que mezclaba tantos sentimientos que ya no sentía ninguno. Necesitaba descansar, o eso creía y así lo hice.
No echo de menos esos tiempos en los que castigué con demasiada frecuencia y facilidad mi cuerpo. No echo de menos ni los falsos amigos ni las manos de muchas mujeres que buscando la curiosidad de mis palabras se encontraron con la suavidad de mis besos en sus cuellos. Me gustan los besos en los cuellos, me gusta respirar en ese punto en donde las orejas esconden la sensualidad y la piel dibuja un escalofrío al susurro de una palabra deletreada. Alicia fue el principio de un final, fue el epilogo de una novela que decaía desde hacía mucho tiempo. Tenía muchos años menos de los que yo merecía y un cuerpo en donde cualquier pintor disfrutaría haciendo un tratado de anatomía de sus rincones. Como todas las mujeres que me secuestraron amor, tenia los dos incisivos superiores centrales distintos. En ella estaban ligeramente inclinados hacia atrás, como escondiéndose detrás de un telón que formaban los otros dos incisivos laterales. A veces los repasaba con la punta de la lengua en una falsa pose de distracción. Jugaba con unas gafas de pasta negra, ahora las ponía, ahora no. Nunca supe si tenían o no graduación, y cuando ella se levantaba para ir a la ducha, yo corría a ponérmelas para comprobar si realmente eran autenticas o solo un atrezzo para enmarcar sus bellos ojos, y es que Alicia miraba desde la atalaya de sus ojos marrones y helaba el desierto. Dejaba caer un el parpado superior y subía un poco el inferior. Más que mirar apuntaba la presa. El día que decidió irse no fue capaz de callarse. Te quiero mucho pero no estoy dispuesta a que me jodas la vida con tus putas historias amputadas de ilusión. Soy joven, no me voy a morir contigo viendo crecer los tréboles de tu jardín mientras te preguntas una y otra vez los días que te quedan para vivir. A veces hay frases que se te quedan pegadas a la memoria y no hay manera humana de que se te despeguen. Vuelven y vuelven y vuelven. Parece que las olvidas totalmente pero un ligero olor a hierba cortada te regresa a su perfil mirando la chimenea envuelta en la manta de cuadros que me regalo mi madre. Naciste tarde para mí, le dije, tu no tienes edad, tienes un insulto en forma de años. De todos los libros de la biblioteca, Alicia simplemente se llevo una libreta. Era un cuaderno en donde yo escribía todo lo que no me atrevía a decirle. Yo pensaba que aquella libreta era mi secreto pero ella creía que le correspondía por ser la protagonista. Seguramente tenía razón, tampoco importa mucho.
Ahora tengo que volver a escribir porque me di cuenta que sin estas letras yo ni siquiera soy yo, y aunque me he apartado voluntariamente por no tener que darme explicaciones sobre mi existencia, hoy reconozco que me equivoqué, que uno no se puede escapar tan fácilmente de su vida sin que existan complicaciones, que no hay más cobarde que aquel que se mutila el habla, que no hay mas tristeza que la impuesta por la propia tristeza.
Hoy vuelvo, si ustedes me lo permiten, porque en el fondo lo echaba de menos, y porque de alguna manera me tengo que sentir vivo de alguna manera distinta a ver como crecen los tréboles de mi jardín.
servido por nacho
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25 Agosto 2011
Ni siquiera sé porqué escribo. Parece ser que es la mejor forma de decir algo. Tampoco es que tenga muchas ganas de decir algo, más bien tengo ganas de no decir nada, que es una forma como otra cualquiera de pasar por la vida de puntillas, dejando pasar cada día como otro más, otro cualquiera, nada en particular. La semana pasada me hicieron una radiografía y me dijeron que tengo la columna envejecida. Yo que pensaba que mi cuerpo era un portento físico resulta que ya empiezo a envejecer por la columna. Mis huesos conocen el calendario mejor que mis neuronas que muchas veces se desconectan y viven sin darse cuenta, más preocupadas por la respiración y la circulación de la sangre que por el valor de una caricia. Una columna envejecida. Sería peor que me dijesen que tenía un cáncer de huesos, imagino. Me enteré ese mismo día que Ramón, un compañero de EGB se había muerto de un cáncer de tiroides. Su hermano Pablo, lo hizo de huesos con apenas 22 años, hace ahora 21 años. Los animales hacen todo lo posible para sobrevivir, pero acaban muriéndose. Las personas nos diferenciamos en que sabemos que nos vamos a morir e intentamos llegar a la inmortalidad. Queremos dejar legados, creemos que si dejamos algo aquí será como vivir eternamente. Otros dicen que mientras tengas seres queridos que te recuerdan, tu recuerdo estará vivo. Pero eso es poco tiempo, yo no sé ni como eran mis bisabuelos. Luchamos por la inmortalidad y yo tengo la columna envejecida, con algo más que 40 años voy envejeciendo a trozos. Ni siquiera sé porqué escribo, no me hace sentir mejor, creo que es una lucha contra la muerte, esa dama que continuamente nos pone a prueba, esa única señora que nunca tengo ganas de follar.
servido por nacho
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14 Marzo 2011
Un día volví. Puse una de esas canciones que a uno le despiertan sentimientos y me puse a escribir. Volví a sentir algo en el pecho, una especie de aire entrecortado, un ligero nerviosismo por miedo a perderme, por miedo a no ser yo en el aire. Me hubiese gustado decírtelo a la cara mientras te repasaba cada uno de tus dedos, pero bueno, las cosas son así, todo pasa y aunque todos sabemos que no se debe vivir en el pasado, el recuerdo de los momentos en que éramos felices se amontonan y a uno le cuesta vivir aparcándolos continuamente para no hacerse daño, a veces hay fugas, y sale el magma que todos llevamos dentro. María me dijo que no te llame, que siga así, escondido, medio muerto, sin ningún intento de nada, si algún día pasase algo, me dijo, ella será la encargada de comunicárnoslo, si algún día me muero o te mueres, ella nos lo dirá. Es su promesa y yo la creo. De todas formas no sé si lo querré saber, ya sabes, a veces es bueno saber, otras veces es mejor no saber para no sentir, al fin y al cabo que importa morir de verdad si es inevitable, nosotros ya hemos muerto de corazón y eso sí que era evitable.
No puedo decir que no sabría por donde empezar a hablar, sé todo lo que te diría, no fallaría ni en una coma, son tantas veces que te he hablado en cada uno de mis silencios, que creo que es el discurso más y mejor ensayado de la historia, aunque le añadiría muchas pausas, sí le añadiría muchas pausas, me encantaba escucharte respirar a mí lado, me encantaba el viento de tus pestañas, me encantaba el dulce sonido de cada uno de nuestros besos, como aquel que te di en la espalda cuando el agua resbalaba por ella, o el de la rodilla, ¿te acuerdas? Te habías caído jugando al basket con aquellos niños de tu pueblo y tuve que cuidarte en el asiento de mi coche. Cinco años de carrera para poner desinfectar con agua oxigenada y poner una tirita. El destino, el muy cabrón.
Te tengo que dejar, ahora tengo otras obligaciones que no me permite tanto tiempo libre, no me quejo, me hacen feliz, las disfruto, pero bueno, ya sabes, todos estamos incompletos, siempre nos falta algo, es como las habitaciones de una casa, siempre nos hace falta una más, como las necesidades que decía Maslow, cumples una y quieres otra, así hasta el fin, unos dice que es nuestra forma de mejorar y otros dicen que es nuestra forma de esclavizarnos. Yo hubiese cambiado todas por una simple frase tuya. No llegó y yo ya perdí la esperanza de que algún día llegue, y lo que es peor, tú nunca lo sabrás, creerás que fuiste otro juego de mis palabras, otra conquista de este tonto de medio pelo que un día se enamoró de ti.
servido por nacho
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26 Noviembre 2010
No sé que hacer si tú no estás aquí
Y mis dedos ya enjutos en pasión
atormentados por tanta devoción
y caricias atolondradas
por misterios del amor
quiero más, quiero más
quiero más que esta forma de amar
y rebuscar con anhelo
tus huellas en mi pelo
y tu cintura subida en mi bien
quiero más, quiero más
quiero aceitunas deboradas con sangre y miel
quiero ya mis recuerdos del ayer.
servido por nacho
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